jueves, 17 de abril de 2014

Cualquiera que me haya visto, sospecharia de mi.
De musculosa y pantalon largo  al principio de otoño, sentada, observando cómo pasaban los autos, cómo se volaba mi pelo y cómo mi cara cambiaba cada vez que alguien que pasaba me decía algo.
Estábamos tildadas mi mente y yo. No existía N A D I E más.