Existía un lugar…donde el frió era verdaderamente frío…y el calor era cien por ciento calor.
Costaba llegar ahí pero al fin y al cabo se llegaba.
Teníamos una agenda programada, nada nos asustaba. Contábamos con adrenalina y libertad.
Dormíamos poco…hay que confesarlo pero al fin y al cabo dormíamos…costaba levantarnos pero luego de tanto girar lográbamos poner un pie sobre el piso y caminar hacia el comedor, era dónde luego nos dictaban ciertas consignas a seguir.
Vivíamos para despertar con ganas de hacer algo…o eso se suponía y con ganas de que llegue la noche para poder disfrutar “más”.
No existían los días, las horas y los Meses…sólo un cronómetro.